Colectivo Silesia

Gentrificación y barbarie

gentri

por Usama Bilal y Pedro Gullón.

Podemos repetir hasta la saciedad el mantra de que “tu código postal es más importante para tu salud que tu código genético”. Pero, ¿qué hace que esto sea así? ¿Cuáles son los procesos detrás de las ciudades que afectan a la salud?

Hoy hablamos de uno en concreto: la gentrificación. Se trata de uno de los “temas de moda” en varios campos, incluidos la sociología urbana, geografía y urbanismo. No intentamos con este post añadir nada al debate sobre el fenómeno gentrificador, pero sí que queremos revisar los efectos que puede tener sobre la salud. Y para ello se hace fundamental: (1) definir bien qué es la gentrificación, (2) identificar quién está detrás del proceso, (3) explorar qué hacen los poderes públicos en incentivar o frenarla, para luego (4) entender un pequeño marco teórico de cómo puede afectar a la salud y (5) qué evidencia tenemos sobre este efecto.

Conflicto de interés: nuestra definición y visión del proceso gentrificador sigue una linea muy clara basada en las ideas de Neil Smith en su libro The New Urban Frontier. Para una revisión del tema y de otras formas de ver el problema, os recomendamos encarecidamente el libro First We Take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades  recientemente publicado por Daniel Sorando y Alvaro Ardura.

¿Qué es la gentrificación?

El concepto de gentrificación fue acuñado por primera vez por Ruth Glass en 1964 cuando intentó describir el proceso por el cual parte de la nobleza rural británica (la clase llamada gentry) se desplazó al centro histórico de Londres (principalmente habitados por personas de clases populares) procedentes de los suburbios, provocando una espiral de cambios en ese centro histórico. Estos cambios, consistentes principalmente en rehabilitación de viviendas y remodelación de elementos del barrio, conllevan un aumento del precio de las viviendas del barrio; en un primer momento, de las viviendas renovadas pero, posteriormente, de forma global. El aumento del precio de la vivienda lleva, en la práctica, a una expulsión de la clase trabajadora de esos barrios al no poder pagar los nuevos precios. En definitiva, se trata de un proceso especulativo del mercado inmobiliario en el que se produce una sucesión socio-demográfica en los habitantes de un barrio encaminado a incrementar el valor de la propiedad de la zona con el fin de obtener una “mejora” en el barrio. De esta manera, se puede dividir este proceso en 4 etapas: abandono del barrio, estigmatización, regeneración y mercantilización (Sorando y Ardura 2016).

Pero, ¿quién gentrifica? ¿quiénes son los responsables y los co-responsables de este proceso? En la crítica a los procesos de renovación-gentrificación y sus culpables se suele poner el foco en sus pioneros, aquellos que se sienten primero atraídos por los barrios en decadencia (los artistas, la clase creativa…). Sin embargo, la gentrificación no es más (ni menos) que un conflicto (socio-espacial) de clase.  Se trata de un conflicto en el plano del urbanismo y de la ocupación de la ciudad de una clase frente a otra. Implica directamente la existencia de segregación social en función de clase dentro de la ciudad, y supone una agresión contra las personas en situación menos favorecidas y a favor (o por parte de) de las más privilegiadas.

¿Qué hacen los poderes públicos y las políticas públicas?

Las instituciones y los poderes públicos no son agentes neutrales en todo este proceso, actuando por acción y por inacción. Por un lado los poderes públicos, mediante su dejadez en el control o regulación del mercado financiero, son co-responsables de la especulación inmobiliaria y de favorecer los intereses del capital inmobiliario por encima del de los ciudadanos de los barrios.

Por otro lado, los poderes públicos son, en ocasiones, agentes más activos en este proceso. Por ejemplo, impulsando procesos de renovación urbana en áreas urbanas deprimidas que, sin control adecuado y parque de viviendas públicas, activan el ciclo de la gentrificación. Conceptos como regeneración, renovación… se justifican en la mejora de las condiciones del barrio, a lo que pocas voces se oponen. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿quién se beneficia verdaderamente de las mejoras de los barrios? ¿Cambia el barrio, o cambia la gente del barrio? Los procesos de regeneración pueden conllevar una paradoja, y es que las personas que han estado sufriendo las condiciones de unos barrios abandonados por las instituciones, son expulsadas una vez se producen los cambios; más allá, al poseer el Estado el uso legítimo de la violencia, son expulsados activamente por las instituciones mediante procesos de desahucio.  Y esto mismo lo podemos extender a las políticas de regeneración con objetivo de mejorar la salud. Es por ello que últimamente ha empezado a hablarse de gentrificación verde, para describir el ciclo regeneración-gentrificación detonado a través de políticas de espacios verdes y parques.

Gentrificación y salud: un marco general.

¿Cómo conecta todo lo anterior con la salud de la población? No pretendemos detallar un marco completo de los determinantes distales de la salud (para un resumen os dejamos con este post de Rafa Cofino sobre las causas de las causas.) Pero sí pretendemos añadir un elemento poco utilizado en estos marcos, y que creemos ayuda a entender los efectos negativos de la gentrificación. Este elemento podría resumirse en esta hipótesis*: cada vez que el ciclo M-C-M del capitalismo da una vuelta, alguien pierde un DALY [disability-adjusted life years años de vida ajustados por discapacidad]. Como tampoco pretendemos resumir El Capital en un post de 900 palabras, resumiremos su conexión con la gentrificación en una imagen:

 

Gentrificación y salud

La idea es que hay dos maneras de acelerar la lavadora (la idea, sin la lavadora, está basada en David Harvey): construir nuevas casas, o re-utilizar las que hay. Desde el momento en que una vivienda se convierte en una mercancía (asumido por la Ley del Suelo 1997), su valor pasa a estar definido no solo por características intrínsecas (tamaño, calidad, etc.), o por su utilidad, sino también por su valor de cambio. Y es este valor el que, al venderse la vivienda, se transforma en dinero, con su respectiva plusvalía. Entre las consecuencias de esto se encuentran: (1) cuantas más veces se recorra este ciclo, más beneficios; y (2) se hace necesario aumentar el valor de cambio de una vivienda. Y, ¿qué mejor manera hay de aumentar el valor de cambio de una vivienda que rodearla de “gente molona”? Y, quizás más importante para el especulador, evitar rodearla de “gente indeseable”.

Las maneras en las que las “vueltas a este ciclo” afectan a nuestra salud pueden ser variadas:

  • Empeoramiento de las condiciones de vida de los anteriores residentes: “propietarios ausentes”, que no reparan o incluso empeoran activamente las condiciones de la vivienda, con el fin de provocar que los residentes abandonen sus viviendas.
  • Desplazamiento de los antiguos residentes: para “vaciar” un barrio de “gente indeseable” o de, ya tú sabe, quien vivía allí antes (¡no vamos a renovar un piso con alguien dentro!).
  • Desplazamiento de antiguos negocios de la zona, en muchos casos pertenecientes a los antiguos residentes (y reemplazo por tiendas de galletas para perros, o carrefours)
  • Desmantelamiento del “tejido social” del barrio, con la consecuente pérdida de recursos sociales (asociaciones de vecinos…).

Evidencia empírica de los efectos en salud.

Y aquí es donde entra en juego la otra mirada de la gentrificación: no solo es relevante quién gentrifica, sino quién es gentrificada. ¿Qué ocurre con las desplazadas? ¿Qué ocurre con quien resiste? La investigación respecto a los efectos en salud de la gentrificación es muy limitada (una búsqueda en Pubmed con un término tan genérico como “gentrification” solo devuelve 48 resultados), pero aquí van algunos ejemplos:

  • Un estudio en Nueva York encontró un aumento en riesgo de partos pre-termino en mujeres negras (generalmente parte de las gentrificadas, en el caso de Nueva York), y una disminución en mujeres blancas.
  • Un estudio en Portland describió un fenómeno interesante en barrios en gentrificación: “el espejismo alimentario”. Estas zonas tenían una enorme disponibilidad de alimentación sana…a precios completamente inasequibles para las residentes que estaban siendo gentrificadas.
  • Un estudio en San Francisco con personas VIH+ describe las dificultades para tener una alimentación saludable en un entorno donde el precio del alquiler se dispara en entornos en gentrificación.

Conclusión.

En resumen, la gentrificación es un proceso de conflicto socio-espacial de clase conducido por el mercado y sus agentes que tiene por objetivo efectuar especulación urbanística incrementando el valor del suelo mediante una serie de desplazamientos residenciales y que tiene unas potenciales consecuencias negativas en salud.

Nota:

*Advertencia, lo siguiente es una loca teoría sin una especial base empírica en salud pública, pero respaldada con más de 160 años de investigación en otras ciencias sociales.

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