Colectivo Silesia

Resistencias a caminar un palmo sobre el suelo.

por Javier Padilla.

Sólo es un trabajo”.

Posiblemente es la forma más resumida que conocemos de quitarle heroicidad y dramatismo a la profesión médica.

“Sólo es un trabajo”.

En las últimas décadas la profesión médica “ya no es lo que era” (dicho esto encendiendo un puro a la salida del hospital); esto se debe básicamente, según quienes se lamentan de ello, a la entrada de personas pertenecientes a hogares de rentas medias-bajas (beca mediante, en muchas ocasiones) en las facultades de medicina, la proletarización y posteriormente la precarización de lxs médicxs así como, entre otras cosas, el cambio de paradigma de la práctica asistencial desde un modelo basado en la explotación intensiva y paternalista de la asimetría de conocimiento hacia otro en el que la asimetría de conocimiento clínico se contrapone a la asimetría de conocimiento-voluntades-preferencias de la subjetividad del paciente.

Ese “para hablar con un médico hace falta otro médico, es un problema de simetría”, que decía el Pérez-Reverte de la profesión médica, Rafael Matesanz, evidencia una visión de la profesión que tal vez deberíamos hacernos mirar. Esa simetría no encontrada con nadie que no sea una imagen especular de uno mismo dice mucho de una medicina ensimismada e intelectualmente onanista, que cree que para mirar a la sociedad se tiene que poner las gafas de lejos porque no es algo que le quede muy cercano.

La profesión médica, si es que existe más allá que como agregado de personas (no nos referimos a la conceptualización del ejercicio de la medicina), nunca se ha caracterizado ni por su buena lectura de la realidad social ni por su capacidad para encabezar cambios sociales*. No solo por la huelga de médicos en Canadá cuando se universalizó la asistencia sanitaria, la participación sistemática en torturas o en la ejecución de la pena de muerte, sino también por el intento de mantener un status que se rompe cuando se horizontaliza al médico con respecto al resto de la sociedad.

“Solo es un trabajo”.

Para muchxs de lxs que formamos parte de este colectivo, ser médico es un trabajo, no una identidad emanada del fondo de nuestros seres desde la más tierna infancia. Nos puede gustar más o menos, pero no es la condición de médicxs la que nos otorga cierta preeminencia en la consecución de derechos laborales o sociales. Esta visión desmistificada de la profesión médica no es sinónimo de una mercenarización de la misma, sino que defendemos que muchos de los dilemas éticos y morales que se plantean como únicos en nuestra práctica también son compartidos por otros colectivos (algunos de ellos también del ámbito de la sanidad).

Habitualmente, cuando alguien plantea que lxs médicxs hemos de desprendernos de nuestra capa de superhéroes para acercarnos hacia una práctica más normalizada dentro de la sociedad se nos acusa de sustituir lo moral por lo administrativo, convirtiendo el quehacer médico en una labor técnica sin otro valor más allá que el de la aplicación de acciones concretas desprovistas de valores.

Nada más allá de eso, de lo que hablamos es de deselitizar una profesión que en la actualidad vive una especie de nostalgia con olor a naftalina, añorando tiempos en los que formaba parte de ese 1% de élite social y que lo que lamenta no son las desigualdades sociales, sino haber dejado de formar parte colectivamente del vagón de cabeza de las mismas.

Se puede criticar a la medicina heroica por la vía de la burocratización (y su cercanía con prácticas que Arendt podría acercar a la banalización del mal o Baumann a la preeminencia de lo administrativo sobre lo moral) o por la vía de la centralidad de una ética de lo colectivo dentro de la práctica médica. Nos quedamos con lo segundo, con la fuerte idea de que la deselitización no es una vía para la conversión de la consulta en una cadena de montaje, sino en un camino para la transformación de la medicina en algo más parecido a la sociedad de la que forma parte. Muchos son los textos que han escrito esto mejor que nosotrxs, aquí solo dejamos tres párrafos de algunos de ellos; el primero del imprescindible John Berger en “un hombre afortunado”

“No hay muchos médicos que sepan diagnosticar bien; ello no se debe a que carezcan de conocimientos, sino a que son incapaces de comprender todos los datos posiblemente relevantes, no sólo los físicos, sino también los emocionales, históricos y medioambientales. Buscan una afección concreta en lugar de buscar la verdad sobre la persona, lo que podría sugerirles varias. Se dice que con el tiempo los ordenadores terminarán diagnosticando mejor que los médicos. Pero los datos que se introduzcan en el ordenador tendrán que ser el resultado de un reconocimiento íntimo e individual del paciente”.

El segundo de Ernesto Guevara al hablar en la inauguración de un curso organizado por el Ministerio de Salud Pública de Cuba.

“Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos generales, los conceptos sociales y los filosóficos, sino también, a veces, los conceptos médicos, y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos entonces cómo el médico tiene que ser también agricultor, un poco pedagogo… como tendremos que ser políticos también; como lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo”

Y por último, éste de Normand Bethune, de un libro básico para la memoria (pasada, presente y futura) médica:

“¡Qué vergüenza enriquecernos a expensas de las miserias de nuestros semejantes! Déjennos organizarnos de modo que no podamos seguir siedo explotados, como lo hemos sido hasta ahora, por nuestros políticos. Déjennos volver a definir la ética médica -no como código de etiqueta profesional entre médicos, sino como código de moralidad y justicia elementales entre la medicina y las personas-.”

Probablemente la orientación comunitaria de los servicios de salud empiece por unx mismx.

* Salvo maravillosas excepciones –mención especial a Normand Bethune-; pero las excepciones no suelen tener capacidad para constituir la denominación de “clase”.

2 comments

  • Daniel Martínez García

    Felicidades por el artículo.

    Yo soy de la opinión de que las contradicciones políticas que se producen en el colectivo médico son consecuencia de que somos un producto inacabado de la lucha de la clase obrera por una sociedad socialista. Es decir… la medicina ha pasado de ser una profesión liberal, perteneciente a la pequeña burguesía, a en la mayoría de los casos ser una profesión desarrollada por miembros de la clase trabajadora (en condiciones muy buenas, pero clase trabajadora al fin y al cabo). Hoy en día la clase social de los médicos no la define la profesión en si, sino su empleo, por el cual pueden ser trabajadores, autónomos/pequeña burguesía o hasta burgueses. Esta realidad ha sido generada por el surgimiento del Estado del “Bienestar”. En la lucha de los trabajadores por acabar con el capitalismo, hemos conseguido una victoria parcial, generar un ejército de médicos que atiendan nuestros problemas de salud. Masificar y proletarizar la profesión médica.

    Aún así, aunque la mayoría de médicos menores de 40 años sean trabajadores, esto no quiere decir que sean un reflejo de la sociedad a la que atienden, obviamente. Las dificultades, educativas y ecónomicas, de un joven de familia trabajadora para acceder y mantenerse en la carrera de Medicina son mayores que las sufridas por miembros de otras clases sociales. A ello se suma que la profesión médica arrastra valores morales propios de la burguesía; individualismo, competitividad, etc. ya que al final del camino si te labras tu propio futuro obtendrás una recompensa. El problema es que esto cada vez es más una falsa promesa…
    Por si fuera poco, no tenemos un pasado muy vinculado a tradiciones sindicales de clase, existiendo una predominante presencia de sindicatos coorporativos, algo que no es fácil de combatir con el papel que están jugando las direcciones de CCOO y UGT asegurándole la paz social al gobierno del PP… Para acabar de redondear la situación los sectores más proletarizados, residentes y adjuntos jóvenes, son también los más precarizados (como sucede en el resto de trabajos). A menudo muy desperdigados, con contratos inestables y la espada de damocles amenazante si no son ovejas obedientes.

    Todo en su conjunto muestra un panorama donde la respuesta ética, profesional y laboral con un contenido de clase por parte de los jóvenes médicos se hace difícil. Pero si miramos a nuestro alrededor veremos que es posible. Aunque con sus contradicciones, fenómenos como la Marea Blanca o la lucha de Granada muestran que es posible. E incluso diría que la lucha de sectores donde a priori parecía imposible una respuesta sindical organizada, véase los falsos autónomos de Movistar, también señalan el camino del Sí Se Puede.

    Es necesario seguir remando, tejer redes y praxis alternativa a la realidad imperante. De esta manera seremos más capaces de dar una respuesta contundente cuando surja la oportunidad. Pero seguramente, el cambio en la Medicina vendrá impulsado, en gran medida, por vientos de cambio de la sociedad que invadan la profesión.

    Un abrazo,

    Dani

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