Colectivo Silesia

Reflexiones y culpas sobre la muerte de Andreas

por Clara Benedicto

La historia (clínica) de Andreas.

Andreas tenía 26 años y no tenía antecedentes de enfermedad mental (salvo ansiedad reactiva, que por desgracia tenemos muchxs y cada vez más). Acudió varias veces a su centro de salud y al hospital por dolor de garganta y fiebre, fue tratada como amigdalitis con varios antibióticos, pero no mejoró. Progresivamente en el apartado del motivo de consulta se fue abriendo camino la ansiedad, hasta que un día fue el motivo principal. Se le puso tratamiento ansiolítico y antidepresivo y se la remitió a salud mental, pero ella siguió consultando y empeorando, desarrollando trastornos de la conducta, agitación importante y alteración del nivel de consciencia.

A pesar del antecedente de fiebre y una analítica que sugería una infección activa, al tener un antecedente familiar de esquizofrenia y considerarse la ansiedad el síntoma-guía, se ingresa en psiquiatría. Primero, voluntariamente. Posteriormente, ante el malestar de ella y la persistencia de los síntomas, con contención mecánica (o sea, atada) e ingreso involuntario.

Andreas pasó cuatro días atada, con fiebre, agitada primero y posteriormente más y más somnolienta dificultando incluso la alimentación o la administración de pastillas.

Y un día la encontraron muerta en la cama.

La autopsia verifica que Andreas tenía una meningoencefalitis (más que probable causa de los síntomas) y una miocarditis (más que probable causa de la muerte).

Lo cuentan aquí o aquí.

Ocurrió en 2017, pero está de actualidad: en los últimos días se ha compartido en las redes una petición de ayuda a distintxs profesionales de la medicina, psiquiatría y psicología para difundir y asesorar en la causa abierta contra quienes atendieron a Andreas en el hospital desde sus varias consultas en Urgencias hasta su fallecimiento.

No quedarse con el miedo.  

Leer a posteriori la historia clínica es escalofriante. Es verdad que es demasiado fácil juzgar los hechos desde un final conocido, y que si se trabaja lo suficiente con pacientes siempre surge el escalofrío (¿me podría haber pasado a mí?). Siempre cuenta Juan Gervas una cita de Leriche que dice “todo cirujano (médico) lleva en su interior un pequeño cementerio…”.

He compartido estos días indignación y reflexiones con varias personas con diagnósticos psiquiátricos, con sufrimiento y experiencias sanitarias traumáticas a sus espaldas, que creo que también se preguntan ¿me podría haber pasado a mí?

Y así, corremos el riesgo de llegar a los espacios de encuentro desde el miedo y la defensa.

Tampoco pretendo equiparar estos miedos, ya que somos el personal sanitario quien tiene el deber de cuidar y lxs pacientes quienes están en un momento de extrema vulnerabilidad y deben poder encontrar un espacio seguro y curativo. Pero demasiadas veces el sistema sanitario ejerce violencias invisibles que impiden el acceso a los cuidados (como los casos de Samba o Alpha Pam, y probablemente en muchos que ignoramos pero que algunos colectivos denuncian) y otras violencias dentro del propio sistema: contenciones mecánicas, tratamientos involuntarios, negación de la agencia y la capacidad de entender y decidir…   

Ante este miedo, la medicina defensiva y el autoritarismo sanitario (todo para el pueblo, pero sin el pueblo) son el fracaso de los cuidados.

Errores y culpas.

Todxs (incluso lxs médicxs) cometemos errores, porque somos seres humanos (incluso lxs médicxs). Algunos se cometen desde una profunda humanidad, y otros desde la deshumanización de las personas que intervienen en el encuentro clínico.

En general los errores son pocas veces consecuencia de una única negligencia, sino

mucho más a menudo una desdichada cadena de errores que provocan desenlaces

adversos y evitables. No hace tanto de la sentencia de la residente Bawa-Garba donde se le encuentra culpable y condena, obviando todos los demás elementos que condicionaron sus decisiones. Para visualizar esto se usa a menudo el modelo del queso suizo de Reason (imagen) representando las distintas barreras de contención de errores y sus agujeros, y cómo fallos a distintos niveles se acumulan aumentando la posibilidad de un desenlace adverso.

Los actos específicos serían en el caso de Andreas la valoración de los síntomas como de origen psiquiátrico y el anclaje en este diagnóstico, no realizando un adecuado despistaje de causa orgánica e ignorando los signos de que el curso no era el

esperado. Estos errores son individuales, visibles, y a menudo lo único que se considera y se juzga cuando hay un desenlace desfavorable. Sin embargo, hay un entramado de circunstancias que favorecen que éstos ocurran y no se eviten: 

Las condiciones inseguras como la fatiga del personal de guardia, la sobrecarga de trabajo o el burnout, denunciadas tantas veces por plataformas y colectivos profesionales.

La supervisión insegura, materializada en el escaso soporte que a menudo reciben los residentes (personal en formación) lo que puede obligar a un exceso de seguridad en las decisiones o a errores por inexperiencia, y a la comunicación entre profesionales no protocolizada ni de calidad.

Las influencias organizacionales, como los recortes de personal y medios, que obligan al personal a trabajar en condiciones de fatiga y presión, lo cual se sabe que afecta al razonamiento clínico; así como la desafección y falta de compromiso que puede generar en los cuidados el hecho de ser a su vez poco cuidados por la organización.

En el caso particular de los diagnósticos psiquiátricos, se suman varias circunstancias agravantes. Una es la tendencia a obviar todo lo no psiquiátrico (lo somático, lo contextual) o atribuirlo al propio trastorno mental sin investigarlo, haciendo que éste sea una categoría total fuera de la cual no existe nada. Esto ocurre de forma que el historial psiquiátrico es una etiqueta que resta credibilidad y genera trato minimizador y despectivo (tanto más si son mujeres, como se refleja en el uso del obsoleto y despectivo término histérica). Pero también las preconcepciones sobre la necesidad de contener físicamente a pacientes psiquiátricos y de cuánto “descontrol” es aceptable por el personal sanitario para dar este paso. Evidentemente aquí las actitudes del personal son fundamentales, pero la organización tiene un papel clave a la hora de mantener o cambiar prácticas como las contenciones mecánicas y generar espacios y ritmos asistenciales donde otras alternativas sean posibles.

Verdad y reconciliación.

Una de las claves de este análisis es evitar cargar toda la culpa en los actos específicos de médicxs condicionados por todas las circunstancias y fragilidades del sistema, porque si no se visibiliza el entramado que posibilita y favorece el daño no aprendemos nada, no cambiamos nada. Otra, sin embargo, es que asumamos como médicxs nuestro poder y cuestionemos las condiciones en las que lo ejercemos para la coerción o para nuestras necesidades.

Nadie sabe si Andreas hubiera sobrevivido de estar en la UCI, pero sí queda en el aire la sensación de que se podrían haber hecho las cosas de forma distinta.

Necesitamos personas que transformen su dolor en lucha, pero también profesionales y sistemas que sean capaces de analizar los errores, pedir perdón, reparar el daño en lo posible, e intentar que no vuelvan a ocurrir.

3 comments

  • Agueda

    Gracias por una reflexión tan lúcida y bien argumentada, completa y en fin reparadora.
    Vengo del teatro, me gustaría que alguien fuese capaz de reflejar con arte y con impacto algunos aspectos de los que has reflejado, para perpetuar mucho tiempo la reflexión el debate y la visibilidad de al menos una pequeña parte de lo sucedido con Andreas porque a la postre la realidad siempre será más grande más dolorosa y lacerante que la ficción. Gracias

  • Pilar Luengo

    Una amiga padecia de migrañas,acudia cuando eran fuertisimas al Hospital. La remitieron al traumatologo que le dijo que eran problemas de las cervicales. Le hiciero radiocrafia.
    La ultima vez que acudio a Urgencias, por dolor insoportable , la enviaron al psiquiatra. Lo que hizo ese mismo dia el marido fue llevarla a otro hospital. Alli le hicieron radiografiade craneo y se llevaron las manos a la cabezs ,diciendo ” pero como no vieron esto…”esto era un gran tumor cerebral..
    Murio con mucho padecimirnto a los pocos meses. Dejo viudo y 3 huerfanos pequeños.

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