Colectivo Silesia

Abrir las escuelas: la salud más allá de lo viral.

por Javier Padilla

Lo que de verdad importa.

Que los niños no han protagonizado el foco de las medidas y acciones políticas durante los meses que llevamos de pandemia es algo poco opinable. Ahora, a pocas semanas del comienzo del curso escolar, la reapertura de los centros educativos se plantea como el tema más candente, construyéndose diversidad de discursos que en muchas ocasiones se alejan de lo que hemos ido viendo en el tiempo que llevamos conociendo al virus SARS-CoV-2.

Tras poco más de 8 meses de conocimiento de la COVID-19 no podemos seguir diciendo que todo es nuevo, porque sí empieza a haber alguna evidencia que puede ayudarnos a construir los mejores escenarios posibles dentro de una alta incertidumbre de escenarios cambiantes.

La apertura de los centros educativos (y especialmente de los colegios) tiene especial interés desde el punto de vista de la salud pública porque enfrenta dos tipos de riesgos importantes: por un lado, el riesgo sanitario-epidémico ligado a la posible transmisión del SARS-CoV-2 en el entorno escolar; por otro lado, el riesgo social y también de salud ligado al cese del curso educativo, de la socialización ligada a este así como el vinculado a las desigualdades sociales en educación que esta situación podría incrementar. No es salud contra educación, sino que la educación también es salud y cohesión social, y se han de crear las condiciones para que se minimice el trade-off entre lo epidémico y lo educativo; incluso en época de pandemia, la salud pública no es solo la vigilancia epidemiológica, y el ámbito educativo siempre ha tenido un papel protagónico en el desarrollo de la salud de los alumnos y sus comunidades.

Partiendo de esto, y de acuerdo con la información existente, podemos afirmar que a la reapertura de centros educativos hay que quitarle drama pero ponerle importancia. De acuerdo con uno de los informes que el Centro Europeo de Control de Enfermedades ha publicado:

“si las medidas de higiene y distancia física apropiadas son tomadas, las escuelas es poco probable que sean entornos de propagación más significativos que otros entornos laborales o de ocio con la misma densidad de gente”.

Es decir, sabemos que las escuelas pueden ser origen brotes, sabemos que los niños se contagian y pueden contagiar, pero los datos disponibles nos dicen que si tomamos una serie de medidas adecuadas (y que no son nada complejo e inalcanzable) se convierten en entornos igual de seguros que otros (laborales y de ocio) cuya actividad está transcurriendo con normalidad a día de hoy.

Este último párrafo es clave, porque nos lleva a contestar a la pregunta de ¿qué queremos decir cuando hablamos de “escuelas seguras frente al COVID-19”?. Esa caracterización como “escuela segura” no habla de que sean espacios libres de riesgo, sino que el riesgo presente no es desproporcionado en comparación con dos factores: I) el resto de actividades que se están desarrollando en la comunidad y II) los beneficios derivados de la acción que desempeñan las escuelas. Aprender a convivir con el virus no quiere decir exponerse como si el virus no existiera ni buscar situaciones de riesgo cero que solo son posibles en protocolos y anhelos pero que no son materializables; aprender a convivir con el virus y lograr escuelas seguras tiene más que ver con diseñar estructuras y prácticas que minimicen los riesgos aún sabiendo que no podrán eliminarlos, a la vez que los equiparan con lo que ocurre en otros ámbitos de la sociedad.

En un artículo publicado en New England Journal of Medicine (y cuya lectura para mí es “LA” lectura sobre este tema desde una perspectiva de salud pública) se afirmaba lo siguiente:

“incluso en condiciones de transmisión moderada (<10 casos por 100.000 habitantes) creemos que las escuelas de educación primaria deberían ser reconocidas como serviios esenciales -y los trabajadores como trabajadores esenciales- y los planes de reapertura escolar deberían desarrollarse y financiarse de forma acorde. (También creemos que la plena apertura para las escuelas de enseñanzas medias e institutos debería ser una prioridad nacional, pero dados los retos en torno a las dinámicas de tranmisión en edades más avanzadas, nos limitamos las escuelas elementales en este texto)”

El cierre de las escuelas, como medida aislada de salud pública no ha mostrado un gran impacto en el cambio de las dinámicas de contagio y la disminución de los ingresos o la mortalidad, de modo que es preciso empezar a pensar en el ámbito educativo como I) un derecho, II) un reflejo de la situación comunitaria de la transmisión, III) uno de los últimos ámbitos a restringir, IV) un ámbito que puede desarrollarse de manera tan segura como el resto de ámbitos siempre que se pongan ciertas medidas de seguridad.

A continuación voy a enumerar algunos puntos que me parecen importantes para los debates que se van a plantear en los próximos meses (no solo en los próximos días, porque esto va a acompañarnos durante tiempo) en relación a la escuela y la COVID-19, pero voy a enunciar estos puntos desde una perspectiva de salud pública y con un punto de partida: pensar las acciones como si cerrar los colegios no fuera una opción. Es decir, con la firme idea de que si no se pueden abrir los colegios, entonces sería hora de que todo lo demás se cerrara para poder llegar a una situación de transmisión del SARS-CoV-2 en la que abrir las escuelas fuera “seguro”.

Objetivos.

Desde el punto de vista de la gestión de la epidemia tal vez podrían resaltarse tres objetivos fundamentales:

  1. Que ningún niño esté más de 2 semanas sin ir al colegio porque se haya cerrado su clase.
  2. Que no haya que cerrar colegios sino clases (“cierre quirúrgico”, al equivalente de lo postulado para los confinamientos en la fase actual de la pandemia en España).
  3. Que las medidas tomadas no aumenten las desigualdades sociales educativas (y eso habrá que medirlo desde el principio).
Aspectos clave.

Son muchas las medidas que se pueden tomar para favorecer el adecuado transcurrir de la apertura de los centros educativos, pero todas han de ser atravesadas por la idea de que no basta con dictar una norma o medida, sino que es necesario garantizar que todas las personas y todos los centros tienen la capacidad para materializarla. Las adaptaciones educativas al COVID-19 no pueden ser el nicho de un incremento de la desigualdad, porque supondría una amplificación de la brecha social aún mayor de la ya amplificada por al pandemia.

  1. Preparar la educación no presencial pero dar prioridad total a la educación presencial, por la capacidad de lo telemático de ampliar la brecha de la desigualdad en múltiples aspectos. En el caso de tener que desarrollar modelos combinados de docencia, entonces más allá de alternar por días la presencialidad, sería interesante introducir algunas variables de priorización como las comentadas en un reciente informe de ESADE (“Reabrir escuelas: por qué, cómo y para qué”) donde se habla de aspectos como la vulnerabilidad económica,  las necesidades específicas de apoyo educativo, la necesidad de conciliar los cuidados o la etapa educativa precoz (infantil-primaria sobre el resto) como elementos de priorización.
  2. Abrir espacios y disminuir contactos evitables: huir de los espacios cerrados, los contactos cercanos y las situaciones concurridas; para ello, además de airear las aulas (y otras medidas en ese ámbito), sería necesario valorar la puesta al servicio de las instituciones educativas de centros sociales y culturales. El aire libre, además, en aquellos lugares donde el clima lo permite, debe jugar un papel importante en los nuevos espacios de enseñanza. En relación con los contactos cercanos, no todo es abrir los espacios, sino que será necesario disminuir las ratios de alumnos por clase; situaciones como la actual huyen de las medidas a coste cero y no existen atajos que logren lo mismo que lograría una disminución del número de alumnxs por clase.
  3. Aprobar prestaciones que faciliten y posibiliten el cuidado en dos situaciones fundamentales: I) garantizar que nadie llevará a su hijo con síntomas respiratorios a clase por tener que ir a trabajar y no poder encargarse del cuidado del niñx o la niña, II) garantizar que se da posibilita el cuidado de menores en caso de cierre de escuelas o aulas.
  4. Contemplar con especial atención y cuidado la situación de doble rol del profesorado: como trabajadores que dan clase y como cuidadores de sus propios hijos.
  5. Determinar con claridad los criterios de realización de PCR en niños, determinar cauces preferentes de detección o descarte de casos a partir de síntomas. La integración por parte de los servicios de Atención Primaria puede ser lo ideal, pero solo si esto no supone una pérdida de agilidad en la detección de casos y en descarte de los sospechosos que finalmente no lo sean. Por sus repercusiones en la apertura o cierre de aulas, la agilidad y accesibilidad de los sistemas sanitarios en estos casos ha de ser un factor fundamental, y lo ideal debería ser lograrlo mediante profesionales de referencia entre los centros educativos y los centros de salud.
  6. Determinar cuándo se cierra un aula pero, igualmente, cuándo se abre de nuevo. Es preciso, dentro de lo complejo y cambiante de la situación, tratar de aportar las mayores certezas posibles; por ello, sería preciso determinar con claridad no solo las situaciones de cierre de las escuelas, sino también el momento en el que las aulas volverán a abrir tras un brote o una situación de intensa transmisión comunitaria.
  7. Trabajar con los medios de comunicación: habrá casos, habrá brotes, habrá cierre de aulas. Serán contados, no generalizados y no pueden generar más alarma de la debida.

La infancia ya asumió una parte importante de los costes de la primera parte de la pandemia (en directo y en diferido en forma de crisis económica perpetua y transferencias intergeneracionales de costes); ahora toca ponerles en el centro, pero no de una forma lineal, sino con una perspectiva que enfoque al sistema educativo como amortiguador de las desigualdades que tan fácilmente se amplifican en el seno de las diferentes crisis evidenciadas por el coronavirus.

Documentos clave desde la perspectiva de salud pública.
  1. Levinson M, Cevik M, Lipsitch M. Reopening Primary Schools during the Pandemic. NEJM. 2020.
  2. Couzin-Frankel J, Vogel G, Weiland M. School openings across globe suggest ways to keep coronavirus at bay, despite outbreaks. Sciencemag. 2020.
  3. The path to zero and schools: achieving pandemic resilient teaching and learning spaces. Cambridge, MA: Harvard Global Health Institute, Edmond J. Safra Center for Ethics at Harvard University, 2020
  4. European Centre for Disease Control and Prevention. COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission. 2020.
  5. European Centre for Disease Control and Prevention. Objectives for COVID-19 testing in school settings. 2020.
  6. Gortazar L. Galindo J. Reabrir escuelas: por qué, cómo y para qué. ESADE EcPol. 2020.

16 comments

  • Monica

    Estoy deacuerdo, las escuela tienen que habrir es un derecho, las enseñanza tiene que ser vista como un trabajo esenciales.
    Verguenza y indignacion por como lo estan gestionando.

  • Luis

    Que ha hecho la comunidad de madrid en relación con el tema de la educación pública? Que ha hecho en relación con el desarrollo de equipos formados de rastreadores para estudiar y aislar a los contactos? Y con la sanidad pública , léase atención primaria?
    La respuesta está en tu voto.

    • Javi

      La CAM ha hecho lo mismo que otras comunidades en tema de Educación. Hay 4 escenarios previstos y uno de ellos (el más previsible) coincide con el de otras comunidades autónomas.
      Curioso que solo se critique a Madrid cuando otras comunidades actúan igual.

  • Raquel Jiménez Delgado

    Gracias. Los profesores no trabajamos solo cuando hay CERTEZA de éxito.
    Trabajamos, y eso AUMENTA la posibilidad de conseguirlo.

  • Miguel

    Lamentablemente no deberían abrir… sería un gran error.

  • Encarna

    Soy médico de familia, estoy totalmente de acuerdo con que abran los colegios con las medidas oportunas, aunque eso nos genere más trabajo. Me parece fundamental la educación presencial para los niños y no tan niños

  • Josu

    Creo sinceramente que la educación presencial es lo ideal, pero las tasas de contagio hoy son estas:

    Marzo 2020: Teníamos en España 42 contagios por cada 100.000 habitantes
    Hoy 132,5 por cada 100.000 habitantes

    Hoy todas las CCAA menos dos Ceuta y Asturias, superan los 50 contagios por cada 100.000 habitantes

    Por otro lado, se nos indica que más de 10 personas no pueden estar en situados abiertos juntos y ahora pretendemos meter 20 o 15 niños en espacios cerrados.

    Y por último, alguien ha caído en pensar en aquellas familias con miembros en situación de riesgo que si envían a sus hijos e hijas al colegio pueden poner en riesgo no sólo la salud de sus menores sino las de otros miembros de la familia.

    Creo firmemente que debería optarse por un sistema opcional mixto online o presencial siempre que las familias garanticen y la administración la conexión en el horario lectivo en directo de los menores – aquí sería necesario más inversión y personal-, al menos durante el primer trimestre de este curso en todos los escalafones educativos. Mientras controlamos las tasas de contagio

  • Irakasle

    Hola
    Soy profesor de Educación Física
    Me gustaría saber si alguien puede dar alguna clave para impartir esta asignatura en un colegio de secundaria y bachillerato con los condicionantes propios de la COVID y los de mi centro que a continuación describo:
    Poco espacio y mal ventilado (gimnasio), ratios de 30 alumnos/clase, me imagino que las recomendaciones en cuanto a compartir material serán bastantes restrictivas, insuficiente espacio (m2 /alumn@), etc

  • Pingback: COVID-19: Una espada de Damocles pende sobre el curso escolar – OSALDE

  • Francisca

    Las medidas mínimas de seguridad serán difíciles de cumplir para la mayoría de colegios por falta de espacio y de personal. Recordar que es muy difícil que los niños hagan un uso correcto de la mascarilla, corran y abracen instintivamente a sus compañeros. En estas circunstancias habría que asegurar la presencia de un sanitario en cada colegio para supervisar posibles fuentes de contagio. Y establecer medidas especiales para aquellos niños que son de alto riesgo o q conviven con personas de alto riesgo.

  • Esther Feijoo Avila

    Totalmente de acuerdo. Ahora las autoridades que lo apliquen, por favor

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